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¿La Fe tiene algo por enseñarnos?

por John Valderrama

FEDUCACION. Brazo de la matrix conceptual o meta tags cloud of valores y ciencia, oidaterapia, feducación.

Feducación. Fe en la educación. ¿La fe Tiene aún algo por enseñarnos?

Abstract:

La historia reciente de la humanidad ha visto dos maneras de enfocar la educación: Una, la educación religiosa fundamentalista en auge en la edad media, y la otra, la educación fruto de la secularización de la sociedad occidental en reacción a los abusos cometidos por la institución religiosa dominante en esa época. Sin embargo, la sociedad secular moderna está lejos del sueño positivo de la modernidad pues ahora vivimos en una sociedad no más racional y humana que la de entonces. La desigualdad, el hambre, las enfermedades y la injusticia subsisten, y la aparición de nuevos flagelos como las problemáticas sociales propias de los grandes conglomerados urbanos creados a partir de la industrialización, tales como las transformaciones en la configuración familiar y los desafíos más macro que debemos enfrentar ya no como sociedad sino como planeta.

La incoherencia entre el sistema económico y el medio ambiente; hacen necesaria replantear los valores de nuestra cultura y la educación, que no es otra cosa sino la manera en que transmitimos dichos valores. Hace falta entonces una propuesta armonizante donde podamos educar las generaciones futuras bajo principios más universales, garantizando la ausencia de tendencias fundamentalistas que no resisten el más sencillo examen de la razón, pero que no caen en el fatalismo del materialismo que fanatiza la humanidad al consumismo como única respuesta a una existencia sin propósitos, sin esperanzas y sin fe.

¿Qué puede la fe aportar a la educación secular?

Cuando escuchamos el titulo de este breve ensayo, varias preguntas pueden asaltar la mente del lector ante tan osada propuesta. Después de la senda recorrida, de los escollos superados para que la educación por fin se emancipara de los vicios del fundamentalismo religioso y brillara la luz de una verdad más universal y humana, ¿es coherente que alguien proponga la pertinencia de la fe en el proceso educativo?

Para la mayoría de personas en nuestra cultura, la fe es un escollo superado en el pasado con el proceso de secularización que se inició en los siglos XV y XVI con la modernidad y la ilustración francesa y Alemana del siglo XVIII, periodo en el que la sociedad europea reaccionó ante los abusos cometidos de manera inescrupulosa en nombre de la fe. Múltiples abusos contra los derechos humanos que personas irresponsables, ignorantes o mal intencionados cometieron respaldándose en ciertos conceptos fundamentalistas presentados como credos supuestamente identificados con algún concepto de amor divino. Esa situación polarizó a la humanidad en muchos sitios y llegó a tales extremos como la esclavitud, guerras y genocidios.

Con toda razón las personas sensatas deseosas de liberar a la humanidad del yugo de esas perversiones propusieron una solución a través de la así llamada sociedad secular.  Así pues, por sociedad secular ahora entendemos la búsqueda de valores  ideales más universales. “Se pensaba que frente a un mundo regido por las creencias y normas religiosas, era posible una sociedad de individuos  racionales, guiados por principios laicos y máximamente universales”. Wikipedia

Lo que ocasionó que la religión perdiera injerencia en los diferentes ámbitos sociales como la política, el arte, la cultura y la educación obviamente.  Sin embargo es útil resaltar en este punto, que cuando se habla de este asunto se tiende a hablar de la secularización como la perdida de influencia de la religión en la sociedad, sin especificar que fe y que religión sufrió esta secularización, identificando a específicamente una, la iglesia católica, su fe y su institución, con la acepción mas general de religión y fe.

Error que se comete muy a menudo al creer que la fe es un fenómeno que solo puede darse en el marco institucional de las características de la iglesia católica. En la medida en que el lector no se figuró la fe más allá de las instituciones religiosas conocidas en esa medida le será más difícil encontrar  coherencia en esta propuesta de integración de la fe y la educación.

Continuado con la historia, es en este periodo donde los adelantos en las ciencias naturales y la industrialización llevarían a desarrollar la confianza en la razón como nuevo motor de la civilización dejando atrás a la fe como un episodio oscuro, como un tirano debilitado y superado. Con este nuevo paradigma lograríamos superar los vicios de la sociedad basada en la religión, específicamente hablando, la iglesia católica.

Secularización y explotación material es en este pensamiento positivista en el que el hombre se concentraría más en las cosas del mundo y en el que de la mano de un desarrollo tecnológico creciente, aspiraba superar los males que más le aquejaban en ese entonces: las hambrunas, las enfermedades, y demás males de origen natural. Con la ciencia y la tecnología el hombre por fin tenia en sus manos la forma de encontrar la tan anhelada felicidad. Que era vista hasta ese momento como la incapacidad del hombre por proveerse los bienes necesarios para la subsistencia.

Posteriormente, con el desarrollo de la sociedad industrial y la instauración del materialismo como la filosofía dominante de la cultura occidental, se desarrollaría la sociedad de consumo o aquella que propone que el objeto de la sociedad es la producción de bienes de consumo. Este paradigma se reflejo naturalmente en la educación como ámbito cultural.

Fue así como la educación empezó a valorar más las capacidades técnicas y tecnológicas, pues son las que permiten la explotación directa de la materia, así el estudio de los valores y los principios universales expresados desde la antigüedad en las diferentes tradiciones místicas se vio olvidado o sin importancia.

Si bien este empuje pragmático del conocimiento nos llevó a acelerar los adelantos tecnológicos que nos permiten una explotación más eficiente de los recursos naturales, esto no se tradujo en satisfacción a las necesidades  humanas de bienestar, la situación actual de la humanidad demuestra que el hambre sigue siendo un flagelo para la humanidad, la desigualdad y la pobreza siguen evidenciando nuestra incapacidad de proporcionar una distribución equitativa de los recursos que se obtienen en abundancia. La aparición de  nuevas enfermedades sigue mostrando el estado insalubre de nuestras sociedades. La sociedad secular de la actualidad y su educación deben ahora enfrentar estos antiguos males, además de los nuevos desafíos de nuestra época; la crisis de valores que se refleja en las problemáticas sociales, que van desde la desintegración familiar, hasta la delincuencia y la epidemia de  drogadicción y alcoholismo; y la crisis medioambiental, que compromete directamente nuestra capacidad de subsistencia en este planeta en un futuro cada vez cercano.

¿Cuál es entonces esta propuesta de Feducación?

Nuestro objeto es presentar una fórmula armonizarte en la cual se puede remediar las deficiencias de los sistemas educativos ya explicados, tanto el fundamentalista como el secular y sobre todo, aquella educación que quiere imponer en los alumnos conclusiones que ni siquiera resisten una mínima investigación de una persona sincera e imparcial. Para ejemplificar lo que Feducación puede hacer por complementar nuestra educación elegiremos dos de los más importantes desafíos de nuestra sociedad moderna: la crisis de valores y el deterioro medio ambiental y exploraremos varios conceptos claves en la propuesta de Feducación con relación a la importancia de quien transmite el conocimiento y que conocimiento es el que comparte.

Crisis Social y desafíos para la educación.

La educación actual declara que si bien deben ser transmitidos los  conocimientos cognitivos y las habilidades o destrezas técnicas, lo que transformará en realidad al estudiante en un profesional es la asimilación  de los valores necesarios para vivir como un hombre civilizado en sociedad. Para entenderlo de una manera mas clara, los conocimientos cognitivos han sido relacionados con el saber, las habilidades o destrezas con el hacer, y los valores con el ser. Por ejemplo, no es solo saber los que sabe un medico o hacer las cosas que hace un medico sino que el objeto ultimo es convertirse, llegar a ser un médico. Sin embargo, dadas las condiciones actuales de la sociedad, la trasmisión de los valores como la honestidad, la dignidad, la fraternidad, la solidaridad, la integridad y demás, relacionados con la practica profesional se han visto desestimados en pos de favorecer los saberes y los haceres de cada profesión,  hasta el punto que para el estudiante promedio, cualquier materia que tenga relación con la enseñanza de un valor es considerada un “relleno”, es decir,  una adición sin importancia en el pensum, sólo justificada en cumplir con las horas establecidas y poder cobrar más dinero. Para decirlo de otro modo se desvalorizó la educación en valores.

Con los resultados evidentes en la sociedad, por ejemplo podemos tener excelentes profesionales en la medicina que incurren sin ningún escrúpulo en prácticas ilegales, o muy capaces contadores haciendo fraude al estado, entre otras ejemplo abundantes en el medio. Ahora los estudiantes solo quieren aprender las destrezas técnicas para actuar como profesionales y empezar a trabajar para explotar estos conocimientos sin ninguna consideración ética o moral. Esta circunstancia es sin más la prueba definitiva del fracaso de la educación basada en la destreza técnica y que tienen como objeto la explotación de los recursos de la naturaleza material.

SER ES MÁS IMPORTANTE QUE SABER Y HACER.

Esta circunstancia se ha convertido en la crisis educativa más pronunciada de la educación, pues si bien la educación admite que los valores son el objeto ultimo de la enseñanza y el aprendizaje por encima de las habilidades y los conocimientos, es paradójico que se fracase tan rotundamente en la transmisión de estos, y lo más notable es que se fracase en ambos aspectos del proceso, tanto en el aprendizaje como en la enseñanza, pues más inquietante que la pregunta de por que los estudiantes no quieren aprender valores, es la pregunta de como podemos enseñárselos.

La perplejidad acerca de como enseñar valores es tan profunda que lo invitamos a que si usted esta relacionado con un medio o institución educativa haga el ejercicio de preguntar a profesores y demás participantes como se enseñan los valores, cuales son las técnicas, los recursos y las metodologías mas eficientes en este aspecto, y se dará cuenta de la escalofriante realidad.  Los más normal es que nos encontremos con las mismas prácticas gastadas, como hacer carteleras, buscar significados en diccionarios y demás que han demostrado no ser lo suficientemente eficientes para permitir la asimilación de un valor.

Si la sociedad delata una ausencia de valores, se debe a la incapacidad de la sociedad para trasmitirlos, y su órgano dedicado a esta función, la educación. Y si los estudiantes no asimilan los valores formativos no es por otra cosa sino nuestra incapacidad para enseñarlos. Por favor le pedimos que no se deje inquietar por la severidad de estas declaraciones, lo invitamos mejor a que responda con sinceridad para usted solamente, en su fuero interno las siguientes preguntas. ¿Cómo puedo transmitir un valor que no poseo?, de la misma manera que no puedo enseñar algo que no se, ni puedo mostrar una destreza que no poseo, ¿cómo voy a poder transmitir un valor que no soy?. No podemos simularlo pues los valores tienen relación con lo que soy y no con lo que parezco. Esta en la naturaleza misma de los valores. Los valores no son rancios conceptos para hacer carteleras, son los conocimientos fundamentales sobre los que se toman las decisiones de acción y pensamiento a diario. No se pueden dictar o exponer, se deben representar, vivir y ejemplificar. El tablero en el que se exponen es el propio maestro, la propia persona.

El objeto de estas declaraciones NO es acusar una descalificación de la incapacidad o falta de competencia de un individuo sino más bien a una ruptura paradigmática.  a pregunta central en mi ejercicio educativo sería ¿lo que les enseño hará la vida de mis estudiantes más feliz, más satisfactoria, más digna de ser vivida? ¿lo que les enseño dignifica también mi vida?, estoy trasmitiendo lo que para mi es la fuente que da sentido a mi vida y da propósito a mi papel en esta sociedad?. ¿Puedo yo dar esperanza?, ¿tengo yo esperanza? ¿es coherente lo que enseño con el bienestar de todas las entidades vivientes y con el propósito de la búsqueda humana de fraternidad igualdad y libertad?, estoy haciendo eso o sólo estoy transmitiendo los valores negativos de la sociedad de consumo?, valores de resignación ante la idea fatal de soportar una vida sin un propósito superior a la satisfacción de los apetitos temporales?

Acá llegamos al punto crucial en la reflexión del educador. ¿Soy yo quien educa a mis estudiantes o solo soy un transmisor inconsciente de los valores negativos de la sociedad de consumo? La transmisión de valores es real y siempre se esta llevando a cabo de manera consciente o inconsciente por el educador. Si yo hablo de integridad pero en realidad solo doy la lección esperando a que pase el tiempo para irme a casa y poder cobrar mi sueldo, los estudiantes puede que comprendan la formula que se les escribió en el tablero, pero lo que ellos en realidad entenderán es que lo único importante en este proceso es ganar dinero.

Si observamos con detenimiento no se puede decir que hay ausencia de valores, si somos más precisos encontraremos que si hay valores y transmisión de valores, sólo que los valores son de otro tipo y no los transmiten las instituciones educativas, solo los refleja. Los medios de comunicación, la publicidad, la erosión comercial y la industria del entretenimiento son  medios más eficaces para trasmitir los valores de la sociedad. Son estos los encargados de modelar las metas de nuestra sociedad. Valores negativos como la avaricia a toda costa, el egoísmo que nos permite perjudicar a cualquiera que se cruce entre nosotros y el objeto de nuestro deseo, la sobrevaloración de la apariencia física como único medio de aceptación o rechazo, entre otros.

La ausencia de valores que vemos en la sociedad no es culpa de los estudiantes ni de los educadores, la crisis de valores está en los valores negativos implícitos en el paradigma explotativo dominante en la sociedad.

Mientras Galileo diseñaba experimentos en Italia, Francis Bacon expus el método empírico de la ciencia explícitamente en Inglaterra. Bacon fue el primero en formular una clara teoría del proceso inductivo. El “espíritu de Bacon” cambió profundamente la naturaleza y el propósito de la búsqueda científica. Desde el tiempo de los antiguos, los objetos de la ciencia habían sido sabiduría, entendimiento del orden natural y vivir en armonía con él. La ciencia se hacía “para la gloria de Dios”, o como dijeron los Chinos, para “seguir el orden natural” y “fluir en la corriente del Tao”. Desde Bacon, el objeto de la ciencia ha sido el conocimiento que pueda usarse para dominar y controlar a la naturaleza, y hoy en día tanto ciencia como tecnología se usan predominantemente para propósitos que son profundamente anti ecológicos.

Los términos en los cuales Bacon advocó su nuevo método empírico de investigación no eran sólo apasionados sino con frecuencia abiertamente  malignos. La naturaleza, desde su punto de vista, debía ser “cazada en sus andanzas”, “encadenada a servir” y hecha una “esclava”, debía ser “puesta en cadenas”, y el propósito del científico era “extraerle los secretos de la naturaleza torturándola”. Muchas de estas imágenes violentas parecen haberse inspirado en los juicios de brujas que eran frecuentes en tiempos de Bacon. El concepto antiguo de la tierra como madre nutriente se transformó radicalmente en los escritos de Bacon, y desapareció completamente a medida que procedía la Revolución Científica a reemplazar la visión orgánica de la naturaleza con la metáfora del mundo como una máquina. Este cambio, que iba a llegar a ser de una importancia arrolladora en el futuro desarrollo de la civilización occidental, iba a iniciarse y a completarse por dos figuras predominantes del siglo diecisiete: Descartes y Newton. El drástico cambio en la imagen de la naturaleza de organismo a máquina, tuvo un fuerte efecto en la actitud de la gente hacia el entorno natural. La visión orgánica del mundo de la Edad Media había implicado un sistema de valores conducentes a un comportamiento ecológico. En palabras de Carolyn Merchant:

La imagen de la tierra como un organismo vivo, madre nutriente, sirvió como un freno cultural que restringió las acciones de los seres humanos. Uno no  está dispuesto a matar a la madre, ni a cavar en sus entrañas en busca de oro, o mutilar su cuerpo… Mientras la tierra se considerara viva y sensible se consideraría una falla del comportamiento ético humano realizar actos destructivos contra ella.

Estos frenos culturales desaparecieron con la mecanización de la ciencia. La visión cartesiana del universo como sistema mecánico proveyó un permiso “científico” para la manipulación y explotación de la naturaleza, que se ha hecho típica de la cultura occidental. De hecho, el mismo Descartes compartió la visión de Bacon de que el propósito de la ciencia era el dominio y control de la naturaleza, afirmando que el conocimiento científico podría usarse para “convertirnos en dueños y poseedores de la naturaleza”. Los efectos de esta forma de concebir el mundo, el paradigma de la explotación, se hacen evidentes siglos después de este; deforestación, extinción de ecosistemas completos y las especies que allí habitan, calentamiento global, empobrecimiento de suelos, contaminación del aire y agua, etc.

La creencia de que nuestra especie es la dominante del planeta y que puede explotar sin consideración los recursos se evidencian de dos maneras, a nivel macro en los problemas antes mencionados y a nivel individual en la salud mental de la población.

Los principios de la feducación, pueden aportar la armonía necesaria para afrontar con dignidad los retos del fututo apoyados en lo mejor que hemos heredado de nuestro pasado, sin temores ni fanatismos, y con mucho respeto por la grandeza de nuestro planeta, nuestros hermanos y la misma dignidad humana, podremos construir el mundo de crecimiento y desarrollo espiritual al que todos tenemos derecho, como todas las tradiciones místicas y las corrientes más profundas de pensamiento de la historia han declarado.