Importancia de la fe

Por: Aurelio Fernández

En Feducación consideramos al ser en su integridad, pero vemos que la educación actual, que se auto define como secular, ha dejado de lado el factor fe, el cual es el elemento primordial en la conciencia del ser humano, la cual, por naturaleza siempre se proyecta hacia un futuro más prometedor. Al analizar nuestra conciencia podemos encontrar al menos cuatro factores, estos son: la mente, la inteligencia, el ego y la fe.

La mente es la que desea y rechaza. Su naturaleza es ambivalente, es inquieta e insatisfecha. La inteligencia es una energía más sutil que la mente, ella está por encima y su función es guiarla, conducir esa poderosa energía hacia lo que nos es más conveniente. Podemos decir que la inteligencia se inclina por lo que es correcto y favorable, se inclina por el deber, mientras que la mente y los sentidos se inclinan por el placer. El ego es una energía aun más sutil que la inteligencia y es la que nos da el sentido de que “yo soy este cuerpo”, “yo soy hombre o mujer, tengo tal nacionalidad, tal ocupación, etc”. Y así como no podemos negar la existencia de estas energías que conforman nuestro cuerpo mental o sutil, tampoco podemos negar la existencia de la fe, ya que cuenta con tres características primordiales: es universal, es tangible y eficiente. La fe es universal porque todos la poseemos en distintos grados o calidad, es tangible porque al referirnos a ella sabemos de qué estamos hablando, y es eficiente porque su aplicación nos concede lo que deseamos.

La educación de hoy pasa por alto este importante factor fe, lo más probable porque no se ha hecho buen uso de ella. En Feducación distinguimos cuatro niveles que van  de acuerdo a nuestros niveles de conciencia. Definimos un tipo de fe en la ignorancia, otra en la pasión, otra en la bondad y por fin una fe trascendental.

En la fe en la ignorancia las personas depositan su esperanza en aquello que los perjudica, en aquello que es dañino de principio a fin, como lo es buscar la felicidad en el alcohol, en lo promiscuo, en la mentira, en el insulto y la violencia, y no hay interés por la Verdad. Estas personas por lo general son pesimistas, abúlicas y de poca inteligencia. En la pasión la fe se deposita en buscar la satisfacción de los deseos, en la búsqueda del éxito profesional, el desarrollo económico, fama, poder, sexo, etc. Se dice que la vida en las ciudades están dominadas por estos tipos de fe más oscuros y básicos. La fe en la bondad, por otro lado, busca su satisfacción en el cultivo del intelecto, en la naturaleza, el arte, la caridad y surge de ella el interés por la Verdad. En la fe trascendental hay preocupación por saber del alma, de lo eterno y de Dios.

Como ven, la fe es un elemento fundamental, constitutivo de nuestra conciencia, de nuestro sentir y pensar, por lo que se le debe prestar atención especial, ya que de ella depende hacia donde nos vamos a proyectar, qué fin le vamos a dar a nuestra vida. Si hablamos de fe ciega es porque hay una fe que sí puede ver. Si vemos a alguien muy deprimido y desalentado le vamos a decir que no pierda su fe.

La fe no nos limita ni nos opaca, comprobamos que para bien o para mal nos descubre esos mundos hacia donde ella se proyecta. Quienes tienen fe en la ignorancia han desarrollado el mundo de las drogas, del alcohol, de los juegos de azar, en las morbosidades sexuales e incluso en el masoquismo o en lo sádico. Quienes tienen fe en la pasión han desarrollado las industrias, la tecnología, el espíritu competitivo tanto en la educación como en el trabajo y el deporte. Quienes tienen fe en la bondad han descubierto las virtudes de una vida ordenada y sana, en armonía con el entorno, basada en el respeto y el aprecio por todo lo existente. Ellos resaltan el poder del bien, del amor, de la oración o meditación, de la buena alimentación, los beneficios del arte, de la buena comunicación, etc. Quienes poseen fe trascendental se vuelven videntes de la Verdad Absoluta, del espíritu, de lo bienaventurado y eterno. Podemos de este modo apreciar que la fe descubre más que cubre.

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